Entremundos: reflexiones sobre literatura, cultura, y política internacionales

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Siglo XXI, 2004 - 134 páginas
La cualidad estética no es patrimonio exclusivo del artista, puesto que todo ser humano realiza en su cotidianeidad una mayor o menor integración de la diversidad objetiva y subjetiva. Otorgar a la vida un sentido estético, antes que tener una connotación material, implicaría la capacidad de construir de manera coherente la dinámica de nuestra experiencia cotidiana y hacer de su expresión objetiva una fuente de gozo y sabiduría. Desde esta perspectiva la polémica afirmación de sir Herbert Read de que el artista no es un tipo especial de ser humano, sino que cada ser humano es un tipo especial de artista, parece adquirir sentido. Estas consideraciones me permiten argumentar la coherencia subyacente en la diversidad que compone este breve conjunto de ensayos. Mis circunstancias me han llevado a transitar el reino de los textos literarios y el de los textos políticos. Ambos conjuntos son partes complementarias de un mismo ejercicio: la interrogación de una realidad cuya dimensión es esencialmente personal. Son tres los mundos que componen este libro. El primero es el del texto literario, de allí el título del apartado "El mundo del texto". La segunda sección la he titulado "El texto del mundo", ello ha obedecido a mi afán de encontrar en las circunstancias mundiales signos que me brinden una percepción menos confusa de lo que sucede en México en general y en mi ámbito cotidiano en particular. La tercera y última sección del libro lleva el título de "El mundo sin texto". La razón es simple: el mundo de fines del siglo XX e inicios del XXI es particularmente difícil de asir en virtud de que el código de su lectura aún no está conformado. A los textos que el lector tiene en sus manos los anima un solo propósito: reflexionar sobre algunas vertientes de la diversidad que me ha tocado en suerte transitar. ¿Quién pudiera decir con Terencio, "hombre soy y nada de lo que es humano me es ajeno"? Pero ése es privilegio de muy pocos. La vastedad de lo humano no cabe en un solo mundo y la mayoría de los mortales construimos el nuestro integrando de la mejor manera los diferentes mundos que componen la esfera de nuestros modestos dominios.
 

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Contenido

Sección 1
11
Sección 2
39
Sección 3
52
Sección 4
63
Sección 5
85
Sección 6
98
Sección 7
121
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